En el estadio Tito Tomaghello, tantas licencias rosarinas fueron agradecidas y aprovechadas por el Halcón
La ecuación de Newell’s se repite una y otra vez. No aprovechar los errores ajenos y cederle al otro las facilidades mínimas e indispensables para que saque ventaja. Eso hizo ante Defensa y Justicia, por la cuarta fecha del torneo Clausura. Fallas que pagó caro: cayó 2-1 porque, además, entendió tarde que, algo más metido y punzante en ataque, se podría haber llevado algún premio.
La compleja realidad de la Lepra tiene un punto de partida trazado mucho tiempo antes que este domingo y con una mesa que, por supuesto, no falla solo en la pata que se muestra al público al salir a disputar los partidos.
Ahora bien, en lo estrictamente futbolístico, lo que exhibió en Florencio Varela, a su vez, basta para ejemplificar el porqué de su estado. Y en un tiempo apenas, no más. Los fallos en los mínimos detalles, la evidente falta de jerarquía en relación a los demás y, por ende, la ingenuidad que rebalsa, deriva en las caras pálidas e incrédulas de Frank Darío Kudelka: evidentemente está muy comprometido con la causa para no darse por vencido.
Lo más llamativo es que no fue un mal partido del conjunto rosarino. Incluso, jugando algo más de un tiempo con un hombre menos, dispuesto a hacerlo prolijamente y empujando con actitud. Asimismo, al escapar rápido de la voracidad inicial del Halcón, que al tercer minuto ya había amenazado de una manera que no retomó en el resto del desarrollo, al encontrar dormida a la última línea visitante e impactar en un poste el cabezazo de Leandro Fernández. Pero al equipo leproso le sobran licencias y sus rivales aprovechan todo aquello que él no exprime.
Promediaba la primera mitad cuando tuvo el gol en los pies del uruguayo Ignacio Ramírez, que enfrentó mano a mano al arquero Matías Borgogno gracias al error cometido por Ayrton Portillo, que dejó corto el pase hacia atrás: el centrodelantero intentó colocarla, pero el exPlatense le ganó el duelo con una gran atajada. Y, como le suele ocurrir al equipo, se le cayó el mundo rápido en lugar de entusiasmarse.
Seis minutos después, el lateral izquierdo Jerónimo Russo cometió una infracción innecesaria en la esquina de su zona, se ganó la amonestación y activó el laboratorio de la jugada preparada con la mano derecha de David Barbona pasando sobre su propio pelo. La señal tuvo éxito: el conductor la tocó hacia fuera del área, Domingo Blanco distrajo al dejarla pasar y el remate cruzado del chileno César Pérez no era dañino, pero encontró el desvío ocasional del lateral paraguayo Fernando Román. Con el gol, todo empeoró y descontroló para Newell’s.
En el epílogo del primer capítulo, Russo recibió un mal control de Blanco, pero tardó demasiado en decidir y giró al revés para salir desde el fondo. Lo terminó de comprometer el arrinconamiento que no esperaba de Portillo, que se la robó y forjó su desesperación: le propinó un patadón para evitar el ingreso al área y recibió la segunda amarilla. Newell’s se quedaba con 10.
El pibe Russo se durmió, metió un patadón, se ganó la segunda amarilla y vio la ROJA. Newell's pierde 1-0 ante Defensa y se quedó con uno menos antes de los 40' PT...
— SportsCenter (@SC_ESPN) August 9, 2026
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Todo cuesta arriba y, a la vez, muy pegado a un entretiempo en el que, evidentemente, Kudelka les dio confianza. Debía reponerse, jugar y algo aparecería. Pero el entrenador tardó diez minutos en volver a sentarse en el banco, entre el fastidio y la resignación. Un taco displicente de Domingo Blanco facilitó un desborde con centro raso que recorrió el área varelense hasta encontrar a Walter Mazzantti de cara al empate, pero definió débil y las piernas de Borgogno lo agradecieron.
Como en la del uruguayo, la sensación fue de decaimiento colectivo. A los 22, hilvanó increíbles fallas que sentenciaron la derrota. Primero, el zaguero Bruno Cabrera demoró la salida y le permitió a Juan Gutiérrez puntearle la pelota desde atrás, acción que estimuló la ofensiva.
Cuando parecía que un rechace de Lautaro Giannetti alejaba el susto, un resbalón de Martín Luciano le dejó la pelota a Valentín Loza, que asistió a Tomás Pérez para el segundo gol de Defensa.
Demasiadas facilidades. Un pecado porque, se insiste, no fue una gran versión del equipo de Julio Vaccari y, en efecto, ser más serio le hubiera dado posibilidades al herido Newell’s. Una conclusión potenciada por el descuento que logró mediante el cabezazo de Cabrera, a falta de siete minutos para el final. Sin embargo, mereció perderlo porque hizo todo para irse a Rosario con el bolsillo vacío.
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